{"id":228,"date":"2013-05-04T13:45:30","date_gmt":"2013-05-04T11:45:30","guid":{"rendered":"https:\/\/pkfeyerabend.org\/?p=228"},"modified":"2026-03-09T20:45:20","modified_gmt":"2026-03-09T19:45:20","slug":"rencontrer-letranger-cet-evenement-fondamental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/2013\/05\/04\/rencontrer-letranger-cet-evenement-fondamental\/","title":{"rendered":"Encontrar el extranjero, este evento fundamental"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Ryszard Kapuscinski<br \/>\n<\/strong><em>Discurso del acto de investidura de doctor Honoris Causa de la Universitat Ramon Llull al senor Richard Kapuscinski\u00a0\u00a0 Barcelona, 17 de junio de 2005<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando me paro a reflexionar sobre mis viajes por el mundo, viajes que se han prolongado durante muchos, muchos a\u00f1os, a veces tengo la impresi\u00f3n de que las fronteras y los frentes, los peligros y las penalidades propios de esos viajes, me han producido menos inquietud que la inc\u00f3gnita, siempre presente y renovada a cada momento, de c\u00f3mo transcurrir\u00eda cada nuevo encuentro con los Otros, con esas personas extra\u00f1as con las que me topar\u00eda mientras segu\u00eda mi camino. Pues siempre supe que de ese encuentro depender\u00eda mucho, much\u00edsimo, si no todo. Cada uno de ellos fue una inc\u00f3gnita: \u00bfc\u00f3mo empezar\u00eda? \u00bfc\u00f3mo transcurrir\u00eda? \u00bfen qu\u00e9 acabar\u00eda?<\/p>\n<p>El mero planteamiento de preguntas como \u00e9stas es, por supuesto, tan antiguo que podr\u00eda calificarse de eterno. El encuentro con el Otro, con personas diferentes, desde siempre ha constituido la experiencia b\u00e1sica y universal de nuestra especie. Los arque\u00f3logos nos dicen que los grupos humanos m\u00e1s antiguos no contaban con m\u00e1s de treinta o, a lo sumo, cincuenta personas. Si aquellas familias-tribus hubiesen sido m\u00e1s numerosas, les habr\u00eda resultado dif\u00edcil trasladarse con la rapidez suficiente. Si hubiesen sido m\u00e1s peque\u00f1as, les habr\u00eda resultado muy dif\u00edcil defenderse y librar batallas en su lucha por la supervivencia.<br \/>\nY he aqu\u00ed a nuestra peque\u00f1a familia-tribu siguiendo su camino en busca de alimentos y de pronto se encuentra con otra familia-tribu. \u00a1Qu\u00e9 momento tan fundamental en la historia del mundo! \u00a1Qu\u00e9 descubrimiento m\u00e1s fabuloso! \u00a1Descubrir que el mundo est\u00e1 habitado por otras personas! Pues hasta aquel momento, el miembro de nuestra comunidad familiar y tribal pod\u00eda vivir convencido de que, conociendo a sus treinta, cuarenta o cincuenta hermanos, conoc\u00eda a todos los habitantes de la tierra. Y de pronto descubre que no, ni mucho menos; que el mundo tambi\u00e9n alberga a otros seres parecidos a \u00e9l, \u00a1a otras personas!<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo comportarse ante tama\u00f1a revelaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo actuar? \u00bfQu\u00e9 decisi\u00f3n tomar? \u00bfAbalanzarse con ferocidad sobre los extra\u00f1os? \u00bfPasar a su lado con indiferencia y seguir el camino propio? O, tal vez, \u00bfintentar conocerlos y tratar de encontrar una manera de entenderse con ellos?<br \/>\nEsta misma necesidad de optar por una cosa u otra que se hab\u00eda planteado a nuestros antepasados hace miles de a\u00f1os se nos plantea tambi\u00e9n hoy a nosotros, y lo hace, adem\u00e1s, con la misma intensidad, que no ha variado a lo largo de milenios; la elecci\u00f3n resulta hoy igual de b\u00e1sica y categ\u00f3rica. \u00bfQu\u00e9 actitud adoptar ante el Otro? \u00bfC\u00f3mo tratarlo?<br \/>\nEs posible que la cosa derive hacia un duelo, un conflicto o una guerra. Testimonios de tales desenlaces llenan todos los archivos imaginables y dan fe de ellos los incontables campos de batalla y los restos de ruinas diseminados a lo largo y ancho del mundo. Todos ellos son la demostraci\u00f3n de la derrota del hombre; de que \u00e9ste no supo o no quiso hallar una manera de entenderse con Otros. Las literaturas nacionales de todos los pa\u00edses y de todas las \u00e9pocas han tomado esta tragedia y debilidad nuestra como uno de sus temas predilectos: su diversidad de matices lo convierte en un tema infinito.<br \/>\nPero tambi\u00e9n puede suceder que nuestra familia-tribu, a la que seguimos sus pasos, en lugar de atacar y luchar decida aislarse de Otros, encerrarse, blindarse. Semejante actitud, con el tiempo, dar\u00e1 como resultado construcciones que obedecen a la voluntad de atrincheramiento, tales como la Gran Muralla China, las torres y las puertas de Babilonia, los limes romanos o las murallas de piedra de los incas.<br \/>\nPor fortuna, tambi\u00e9n aparecen diseminadas profusamente por todo el planeta las pruebas de un tercer tipo de comportamiento que ha conocido la experiencia humana. Las que indican cooperaci\u00f3n. Se trata de vestigios de mercados, de puertos mar\u00edtimos y fluviales; de lugares donde se levantaban \u00e1goras y santuarios, donde todav\u00eda hoy son visibles los restos de algunas sedes de universidades y de academias antiguas. Asimismo se han conservado vestigios de ancestrales rutas comerciales, tales como la de la seda, la del \u00e1mbar o la sahariana. Todos aquellos espacios eran lugares de encuentro: all\u00ed las personas entraban en contacto y se comunicaban, intercambiaban ideas y mercanc\u00edas, sellaban actos de compraventa y ultimaban negocios, formaban uniones y alianzas, encontraban objetivos y valores comunes. El Otro dejaba de ser sin\u00f3nimo de lo desconocido y lo hostil, de peligro mortal y encarnaci\u00f3n del mal. Cada individuo hallaba en s\u00ed mismo una parte, por min\u00fascula que fuese, de aquel Otro, o al menos as\u00ed lo cre\u00eda y viv\u00eda con este convencimiento.<br \/>\nDe manera que al hombre siempre se le abr\u00edan tres posibilidades ante el encuentro con Otro: pod\u00eda elegir la guerra, aislarse tras una muralla o entablar un di\u00e1logo. A lo largo de la historia, el hombre siempre ha vacilado ante estas tres opciones y, dependiendo de su cultura y de la \u00e9poca en que le ha tocado vivir, elige una u otra. Constatamos que es bastante veleidoso en sus decisiones; no siempre se siente seguro, no siempre pisa un terreno firme.<br \/>\nResulta dif\u00edcil justificar la guerra; opino que la pierden todos porque pone de manifiesto el fracaso del ser humano al revelar su incapacidad de entenderse con Otros, de ponerse en su piel; y porque pone en tela de juicio su bondad e inteligencia. Cuando el encuentro con Otros tiene como desenlace la guerra, invariablemente acaba en tragedia, en un ba\u00f1o de sangre.<br \/>\nA la idea que llev\u00f3 al hombre a levantar murallas alt\u00edsimas y cavar profundos fosos con el fin de aislarse de otra gente se la ha \u00abbautizado\u00bb, ya en nuestra \u00e9poca, con el nombre de apartheid. Con perjuicio para la verdad y la exactitud, dicha noci\u00f3n ha sido adscrita al hoy inexistente r\u00e9gimen blanco de Sud\u00e1frica. Lo cierto es que se hab\u00eda practicado el apartheid desde los tiempos inmemoriales. Simplificando mucho, se trata de una doctrina cuyos partidarios discurren del siguiente modo: \u00abTodo el mundo puede vivir como le d\u00e9 la gana, solo que bien lejos de m\u00ed si esa gente no pertenece a mi raza, mi religi\u00f3n y mi cultura.\u00bb Pero \u00a1ojal\u00e1 tan s\u00f3lo se tratase de esto! La realidad es que nos hallamos ante una doctrina de desigualdad del g\u00e9nero humano, premeditada y program\u00e1tica. Los mitos y las leyendas de muchos pueblos y tribus rezuman la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo nosotros -los miembros de nuestro clan, de nuestra comunidad-somos seres humanos; todos los dem\u00e1s son infrahombres, como mucho, o cualquier cosa menos personas. Lo que mejor expresaba esta actitud era una doctrina de la China antigua: el no chino era considerado como excremento del diablo o, en el mejor de los casos, como pobre desgraciado que ha tenido la mala suerte de no haber nacido chino. En consecuencia, ese Otro era representado como perro, rata o reptil. El apartheid fue y sigue siendo una doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el Otro, el extra\u00f1o.<br \/>\n\u00a1Cu\u00e1n diferente aparece la imagen del Otro en la \u00e9poca de creencias antropom\u00f3rficas, cuando los dioses pod\u00edan adoptar el aspecto humano y comportarse como personas! Pues en aquellos tiempos, nunca se sab\u00eda si era dios u hombre el viajero o el peregrino que se acercaba. Esta inseguridad, esta intrigante ambivalencia, constituye una de las fuentes de la cultura de la hospitalidad, que exige un trato magn\u00e1nimo al visitante, un visitante cuya naturaleza no acaba de ser reconocible.<br \/>\nEscribe de ello nuestro \u00abpoeta maldito\u00bb decimon\u00f3nico, Cyprian Norwid. En la Introducci\u00f3n a su Odisea, reflexiona sobre las fuentes de esa hospitalidad que arrop\u00f3 a Ulises en su camino de vuelta a \u00cdtaca. \u00abAll\u00ed, en la naturaleza de cada mendigo y de cada vagabundo extra\u00f1o\u00bb, expresa Norwid, \u00abse sospechaba un origen divino. No se conceb\u00eda, antes de acogerlo, preguntar al visitante qui\u00e9n era; s\u00f3lo despu\u00e9s de dar por supuesta su divinidad se descend\u00eda a las preguntas terrenales, y esto se llama hospitalidad; y, por eso mismo, se la colocaba entre las pr\u00e1cticas y virtudes m\u00e1s piadosas. \u00a1Los griegos de Homero no conoc\u00edan al \u00ab\u00faltimo de entre los hombres\u00bb! Siempre el hombre fue el primero, es decir, divino.\u00bb<br \/>\nLa cultura entendida por los griegos en el sentido en que lo plasma Norwid saca a la luz nuevos significados de las cosas, significados amables y ben\u00e9volos con el hombre. Las puertas y portaladas sirven no s\u00f3lo para aislarse del Otro, sino que tambi\u00e9n pueden abrirse ante \u00e9l, invit\u00e1ndolo a franquearlas. La calzada no tiene por qu\u00e9 ser esa v\u00eda por la que cabe esperar la llegada de columnas enemigas; tambi\u00e9n puede ser ese camino por el que, ataviado con ropas de peregrino, se aproxime a nuestra morada uno de los dioses. Gracias a interpretaciones como \u00e9sta, empezamos a movernos en un mundo no s\u00f3lo mucho m\u00e1s rico, sino tambi\u00e9n acogedor y lleno de buena disposici\u00f3n hacia nuestro semejante, un mundo en el que nosotros mismos sentiremos el deseo de salir al encuentro del Otro.<br \/>\nEmmanuel L\u00e9vinas llama \u00abacontecimiento\u00bb al encuentro con el Otro; lo califica, incluso, de \u00abacontecimiento fundamental\u00bb. Se trata de la experiencia m\u00e1s importante, del m\u00e1s amplio de los horizontes. L\u00e9vinas, como es sabido, pertenece al grupo de fil\u00f3sofos dialogistas -tales como Martin Buber, Ferdinand Ebner y Gabriel Marcel- que han desarrollado la idea del Otro -en tanto que ente \u00fanico e irrepetible- desde unas posturas de oposici\u00f3n, m\u00e1s o menos directas, hacia dos fen\u00f3menos aparecidos en el siglo XX y que no son otros que:<br \/>\n-La aparici\u00f3n de la sociedad de masas, que anula el hecho diferencial del individuo<br \/>\n&#8211; La expansi\u00f3n de las destructivas ideolog\u00edas totalitarias.<br \/>\nEstos fil\u00f3sofos intentan salvar lo que consideran el valor supremo: el individuo. Intentan salvar de la actuaci\u00f3n de las masas y de los totalitarismos, aniquiladora de toda identidad individual, a m\u00ed, a ti, al Otro, a los Otros (por eso han divulgado la noci\u00f3n de Otro: para subrayar la diferencia entre los individuos, y la diferencia de sus rasgos individualizadores, \u00fanicos e intransferibles).<br \/>\nFue una corriente de pensamiento de gran trascendencia, una corriente que salvaba y elevaba al ser humano, que salvaba y elevaba al Otro, ante el cual -como lo expres\u00f3 L\u00e9vinas- no s\u00f3lo debo colocarme en pie de igualdad y con el cual debo mantener un di\u00e1logo, sino que tengo la obligaci\u00f3n de \u00abser responsable de \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a la actitud hacia el Otro -hacia los Otros- los dialogistas rechazan la guerra, que consideran un camino que conduce a un \u00fanico fin: el aniquilamiento. Asimismo, critican la indiferencia y el aislamiento tras una muralla. En lugar de estas actitudes, pregonan la necesidad -m\u00e1s a\u00fan: el deber \u00e9tico- de posturas abiertas, de acercamiento y buena disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>En el marco de estas ideas y convicciones, dentro de esa misma corriente de reflexi\u00f3n y b\u00fasqueda, surge la gran obra investigadora de Bronis?aw Malinowski, que guarda gran similitud con las posturas encomiadas por los dialogistas.<\/p>\n<p>El reto de Malinowski: \u00bfc\u00f3mo acercarse al Otro, cuando no se trata de un ser hipot\u00e9tico ni te\u00f3rico, sino de una persona de carne y hueso que pertenece a otra raza, que tiene una fe y un sistema de valores diferente, que tiene sus propias costumbres y tradiciones, su propia cultura?<\/p>\n<p>No pasemos por alto el hecho de que, por lo general, la noci\u00f3n del Otro se ha definido desde el punto de vista del blanco, del europeo. Pero cuando, hoy en d\u00eda, camino por un poblado et\u00edope levantado en medio de las monta\u00f1as, corre tras de m\u00ed un grupo de ni\u00f1os deshechos en risas y regocijo; me se\u00f1alan con el dedo y exclaman: \u00a1Ferenchi! \u00a1Ferenchi!, lo que significa, precisamente, \u00abotro\u00bb, \u00abextra\u00f1o\u00bb. Es un peque\u00f1o ejemplo de la actual \u00abdesjerarquizaci\u00f3n\u00bb del mundo y de sus culturas. Es cierto que el Otro, a m\u00ed, se me antoja diferente, pero igual de diferente me ve \u00e9l, y para \u00e9l yo soy el Otro. En este sentido, todos vamos en el mismo carro. Todos los habitantes de nuestro planeta somos Otros ante otros Otros: yo ante ellos, ellos ante m\u00ed.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de Malinowski (al igual que en los siglos precedentes), el blanco, el europeo, abandona su continente casi exclusivamente con un \u00fanico fin: la conquista. Sale de casa para hacerse con el dominio de otras tierras, para conseguir esclavos, para hacer negocio o para evangelizar. Sus expediciones a menudo se convierten en ba\u00f1os de sangre, como fue el caso de la conquista colombina de las dos Am\u00e9ricas, seguida por la de los colonos blancos llegados del viejo continente, la conquista de \u00c1frica, de Asia, de Australia.<\/p>\n<p>Malinowski viaja a las islas del Pac\u00edfico con un objetivo del todo diferente: para conocer al Otro; a \u00e9l, a sus vecinos, sus costumbres y su lengua, para ver c\u00f3mo vive. Quiere verlo todo con sus propios ojos y vivirlo todo en carne propia. Quiere acumular experiencias para, m\u00e1s tarde, dar fe de lo vivido.<\/p>\n<p>Un proyecto que a primera vista se nos antoja tan evidente resulta, sin embargo, revolucionario, \u00abmundoclasta\u00bb (perm\u00edtanme el neologismo), pues desvela una debilidad -cierto que en grados diferentes- o, m\u00e1s bien, un rasgo intr\u00ednseco de cualquier cultura que consiste en que una tiene dificultades a la hora de comprender a la otra. O, m\u00e1s bien que esas dificultades las tienen las personas que pertenecen a una determinada cultura, sus part\u00edcipes y portadores.<\/p>\n<p>A saber: Malinowski dice que despu\u00e9s de llegar a las tierras objeto de sus estudios, las islas Trobriand (hoy Kiriwina), descubre que los blancos que llevan a\u00f1os viviendo all\u00ed no s\u00f3lo no saben nada de la poblaci\u00f3n local y de su cultura, sino que tienen de ellas una imagen falsa, te\u00f1ida de arrogancia y desd\u00e9n.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo, en contra de todas las costumbres coloniales establecidas, planta su tienda en medio de una aldea y convive con la poblaci\u00f3n local. La experiencia no le resultar\u00e1 nada f\u00e1cil. En su conservado Diario en el sentido estricto de la palabra, a cada momento menciona sus muchas dificultades, habla de sus cambios de humor, de su abatimiento, de frecuentes estados depresivos. Cuando alguien se ve arrancado -voluntaria o involuntariamente- de su cultura, paga por ello un precio muy alto. Por eso resulta tan importante la posesi\u00f3n de una identidad propia y definida y la firme convicci\u00f3n de que esa identidad tiene fuerza, valor y madurez. S\u00f3lo entonces puede el hombre encararse con otra cultura. En el caso contrario, tender\u00e1 a ocultarse en su escondrijo, a aislarse, miedoso, de otras personas. Tanto m\u00e1s cuanto que el Otro no es sino un espejo en el que se contempla -y en el que es contemplado-, un espejo que lo desenmascara y lo desnuda, cosa que todo el mundo m\u00e1s bien prefiere evitar.<\/p>\n<p>Llama la atenci\u00f3n el hecho de que, cuando la Europa natal de Malinowski es escenario de la Primera Guerra Mundial, el joven antrop\u00f3logo se concentra en el estudio de la cultura de intercambio. Investiga los contactos entre los habitantes de las islas Trobriand y sus ritos comunes, investigaciones que plasmar\u00e1 en su magn\u00edfica obra Los argonautas del Pac\u00edfico occidental y a partir de las cuales formular\u00e1 esa tesis tan importante como, lamentablemente, poco observada y que reza: \u00abpara poder juzgar, hay que estar all\u00ed\u00bb. Tambi\u00e9n formula otra tesis, sumamente atrevida para la \u00e9poca, de que no existen culturas superiores e inferiores, s\u00f3lo hay culturas diferentes que, cada una a su manera, satisfacen las necesidades y las expectativas de sus part\u00edcipes. Para Malinowski, la persona perteneciente a otra raza y a otra cultura es una persona cuyo comportamiento -como el comportamiento de cualquiera de nosotros- encierra y rezuma dignidad, respeto por unos valores establecidos, por una tradici\u00f3n y unas costumbres.<\/p>\n<p>Mientras que Malinowski empezaba su trabajo en el momento de la aparici\u00f3n de la sociedad de masas, hoy vivimos en una \u00e9poca de transici\u00f3n entre la sociedad de masas y la sociedad planetaria. Hay muchos factores que favorecen este paso: la revoluci\u00f3n electr\u00f3nica, el impresionante desarrollo de todo tipo de comunicaciones, facilidades nunca vistas de trasladarse de un lugar a otro y tambi\u00e9n -y relacionado con todo ello- las transformaciones que se producen en la mentalidad de las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes y en la cultura, en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra.<\/p>\n<p>Y todo esto \u00bfde qu\u00e9 manera cambiar\u00e1 nuestra actitud -marcada por nuestra cultura- hacia personas de otra o de otras culturas? \u00bfC\u00f3mo influir\u00e1 en la relaci\u00f3n Yo-el Otro dentro del marco de mi propia cultura y fuera de \u00e9l? Resulta muy dif\u00edcil dar una respuesta inequ\u00edvoca y definitiva a estas preguntas, pues hablamos de un proceso en curso, en el que, adem\u00e1s, estamos inmersos nosotros mismos y carecemos de esa perspectiva de tiempo que posibilita una reflexi\u00f3n fehaciente.<\/p>\n<p>L\u00e9vinas se plante\u00f3 la relaci\u00f3n Yo-el Otro en el marco de una sola civilizaci\u00f3n, hist\u00f3rica y racialmente homog\u00e9nea. Malinowski estudi\u00f3 las tribus melanesias en una \u00e9poca en la que \u00e9stas a\u00fan conservaban su estado genuino, todav\u00eda ajeno a la ulterior contaminaci\u00f3n por la tecnolog\u00eda, la organizaci\u00f3n y el mercado occidentales.<\/p>\n<p>Semejantes posibilidades son hoy una rareza. La cultura se vuelve cada vez m\u00e1s h\u00edbrida, heterog\u00e9nea. No hace mucho contempl\u00e9 en Dubay una escena asombrosa. Por la orilla del mar caminaba una muchacha. Sin lugar a dudas, musulmana. Iba vestida con un pantal\u00f3n vaquero y una blusa muy ce\u00f1ida, pero, al mismo tiempo, su cabeza aparec\u00eda cubierta. S\u00f3lo la cabeza, pero estaba envuelta en un chador tan puritana y herm\u00e9ticamente atado que ni siquiera se le ve\u00edan los ojos.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda existen ya escuelas de pensamiento en disciplinas como la filosof\u00eda, la antropolog\u00eda y la cr\u00edtica literaria que prestan especial atenci\u00f3n a todo este proceso de \u00abhibridizaci\u00f3n\u00bb y transformaci\u00f3n de la cultura. Dicho proceso se observa sobre todo en aquellas regiones en las que las fronteras entre Estados tambi\u00e9n lo han sido entre culturas (como la mexicano-estadounidense), as\u00ed como en metr\u00f3polis gigantescas como S\u00e3o Paulo, Singapur o Nueva York, donde hay una mezcla de razas y culturas de lo m\u00e1s variopinta. De todos modos, decimos del mundo de hoy que es multi\u00e9tnico y multicultural no porque haya aumentado el n\u00famero de comunidades y culturas con respecto al pasado, sino porque hablan con una voz cada vez m\u00e1s audible, independiente y decidida, exigiendo aceptaci\u00f3n y reconocimiento a su val\u00eda y un lugar en torno a la mesa de las naciones.<\/p>\n<p>Sin embargo, el aut\u00e9ntico desaf\u00edo de nuestro tiempo, el encuentro con el nuevo Otro, el Otro de nuevo cu\u00f1o, hunde sus ra\u00edces en un contexto hist\u00f3rico m\u00e1s amplio. Veamos: La segunda mitad del siglo XX es ese momento hist\u00f3rico en que dos tercios de la poblaci\u00f3n mundial se liberan del yugo colonial y se convierten en ciudadanos de Estados independientes, al menos desde el punto de vista formal. Poco a poco, esas personas empiezan a descubrir su propio pasado, sus mitos y leyendas, sus ra\u00edces y su identidad, y una vez descubierta y asumida esta \u00faltima, se sienten orgullosas de ella. Esos hombres y mujeres empiezan a sentirse ellos mismos, sus propios amos y due\u00f1os de su destino, y les resulta odioso que se los trate como objetos, como extras, como v\u00edctimas pasivas de un antiguo dominio ajeno.<\/p>\n<p>Hoy, nuestro planeta, habitado durante siglos por un pu\u00f1ado de hombres libres e ingentes masas de hombres esclavizados, se va llenando de naciones y comunidades cuyo sentimiento de su propio valor e importancia no cesa de crecer, como tampoco cesa de aumentar su n\u00famero. Este proceso a menudo transcurre en medio de inmensas dificultades, de conflictos y tragedias que arrojan estremecedores saldos de v\u00edctimas.<\/p>\n<p>A lo mejor nos dirigimos hacia un mundo tan nuevo y distinto que las experiencias acumuladas a lo largo de la historia nos resulten insuficientes para comprenderlo y movernos por \u00e9l sin perder rumbo. En cualquier caso, el mundo en el que entramos se puede calificar de Planeta de la Gran Oportunidad, pero no una oportunidad sin condiciones. Se abrir\u00e1 s\u00f3lo a aquellos que ante sus nuevos deberes muestren una actitud seria y responsable, con lo cual tambi\u00e9n demostrar\u00e1n que se toman en serio a s\u00ed mismos. Es un mundo que tiene mucho que ofrecer pero que, tambi\u00e9n, plantea muchas exigencias. Moverse por \u00e9l buscando atajos puede acabar resultando un viaje a ninguna parte.<\/p>\n<p>En este mundo de nuevo cu\u00f1o, a cada momento nos toparemos con un nuevo Otro, que poco a poco ir\u00e1 emergiendo del caos y la confusi\u00f3n de nuestra contemporaneidad. Es posible que ese Otro nazca de la confluencia de las dos corrientes contrapuestas que influyen decisivamente en la formaci\u00f3n de la cultura del mundo contempor\u00e1neo: la corriente globalizadora, que uniformiza nuestra realidad, y su contraria, la que preserva nuestros hechos diferenciales, nuestra originalidad e \u00abirrepetibilidad\u00bb. Es posible que ese Otro sea su fruto y heredero. Debemos intentar comprenderlo, y buscar di\u00e1logo con \u00e9l. Mi experiencia de convivir con Otros, muy remotos, durante largos a\u00f1os me ha ense\u00f1ado que la buena disposici\u00f3n hacia otro ser humano es esa \u00fanica base que puede hacer vibrar en \u00e9l la cuerda de la humanidad.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 ese nuevo Otro? \u00bfC\u00f3mo transcurrir\u00e1 nuestro encuentro? \u00bfQu\u00e9 cosas nos diremos? \u00bfEn qu\u00e9 lengua? \u00bfSabremos escucharnos? \u00bfSabremos entendernos? \u00bfSabremos, entre los dos, seguir aquello que -en palabras de Joseph Conrad- \u00abhabla de nuestra capacidad de alegr\u00eda y de admiraci\u00f3n, dir\u00edgese al sentimiento del misterio que rodea nuestras vidas, a nuestro sentido de la piedad, de la belleza y del dolor, al sentimiento que nos vincula con toda la creaci\u00f3n; y a la convicci\u00f3n sutil, pero invencible, de la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones: a esa solidaridad en los sue\u00f1os, en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor, que relaciona cada hombre con su pr\u00f3jimo y mancomuna toda la humanidad, los muertos con los vivos, y los vivos con aquellos que a\u00fan han de nacer\u00bb? (*)<\/p>\n<p><em>(*) El negro del Narcissus, traducci\u00f3n de Ricardo Baeza, Barcelona, Seix Barral, 1985.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ryszard Kapuscinski Discurso del acto de investidura de doctor Honoris Causa de la Universitat Ramon Llull al senor Richard Kapuscinski\u00a0\u00a0 Barcelona, 17 de junio de 2005. Cuando me paro a reflexionar sobre mis viajes por el mundo, viajes que&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/228"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=228"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/228\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3167,"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/228\/revisions\/3167"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=228"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=228"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=228"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}