{"id":230,"date":"2013-05-04T14:00:29","date_gmt":"2013-05-04T12:00:29","guid":{"rendered":"https:\/\/pkfeyerabend.org\/?p=230"},"modified":"2013-06-15T13:16:00","modified_gmt":"2013-06-15T11:16:00","slug":"systemes-depargne-et-de-credit-une-strategie-de-developpement-pour-les-pauvres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pkfeyerabend.org\/es\/2013\/05\/04\/systemes-depargne-et-de-credit-une-strategie-de-developpement-pour-les-pauvres\/","title":{"rendered":"Solidaridad y neoliberalismo"},"content":{"rendered":"<p><strong>por J. S\u00e1nchez Parga<\/strong><br \/>\n<em>\u201cla\u00a0 caridad\u00a0 internacional, reconocida por todos como\u00a0 necesaria para\u00a0 asegurar la seguridad\u00a0 de\u00a0 los ricos y garantizar un m\u00ednimo de paz civil en las zonas de\u00a0 gran concentraci\u00f3n de poder y de riquezas, ha sido cada vez m\u00e1s confiada a la iniciativa de los particulares. Los Estados aunque manteniendo su\u00a0 financiamiento han descargado sobre las ONG\u00a0 la gesti\u00f3n de lo que\u00a0 ya no es\u00a0 un proyecto de desarrollo\u201d<\/em> (S.\u00a0 Latouche, \u201cDe la mondialisation \u00e9conomique a la\u00a0 d\u00e9composition social\u201d, en <em>L\u2019Homme et la soci\u00e9t\u00e9<\/em>, n. 105-106, 1992).<\/p>\n<p>Durante la \u00faltima d\u00e9cada\u00a0 un muy amplio e intenso\u00a0 discurso sobre la solidaridad\u00a0 se ha desarrollado paralelamente al\u00a0 creciente inter\u00e9s y preocupaci\u00f3n sobre\u00a0 la nueva pobreza, como si la solidaridad\u00a0 apareciera como una respuesta y hasta quiz\u00e1s una soluci\u00f3n a dicha problem\u00e1tica. Supuesto este muy err\u00f3neo, tanto l\u00f3gica como sociol\u00f3gicamente, ya que la solidaridad no puede resolver\u00a0 un problema, el cual s\u00f3lo ha sido posible por un defecto de solidaridad en las sociedades modernas, las que han producido y siguen produciendo pobreza en ausencia de estructuras, instituciones y dispositivos solidarios al interno de ellas\u00a0 mismas <em>(1)<\/em>.<\/p>\n<p>A no ser que la solidaridad con la que se pretende o se supone responder a la pobreza no sea de la misma \u00edndole que la solidaridad, cuyo defecto\u00a0 ha sido el origen de la nueva pobreza y de los recientes procesos de empobrecimiento en las sociedades modernas. Lo que por principio parece tan\u00a0 improbable como injustificable, es que la solidaridad, entendida como \u201cprincipio \u00e9tico\u201d, pueda resolver problemas de orden socio-econ\u00f3mico y pol\u00edtico. De hecho, algunos ide\u00f3logos de la solidaridad son conscientes de la contradicci\u00f3n que representa la multiplicaci\u00f3n de llamadas e interpelaciones a la solidaridad y a las \u201crelaciones solidarias\u201d junto con \u201cla p\u00e9rdida de solidaridad del sistema\u201d <em>(2)<\/em> .<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, es necesario indagar los usos y abusos de la idea de solidaridad y el sentido que se le atribuye, para entender no s\u00f3lo sus presupuestos ideol\u00f3gicos sino tambi\u00e9n sus referentes pr\u00e1cticos. Por otro lado, ser\u00eda importante saber si el actual discurso solidario es nuevo o tiene precedentes hist\u00f3ricos con los cuales poderlo comparar.\u00a0\u00a0 Cabe interrogarse adem\u00e1s, si la solidaridad en cuanto hecho social es\u00a0 o no intr\u00ednseco a la sociedad humana, y por consiguiente se modifica de acuerdo al modelo de cada sociedad y a sus cambios hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Una constataci\u00f3n en apariencia contradictoria se\u00f1ala que en \u201cuna sociedad como la moderna, mayormente regida por valores esencialmente insolidarios\u201d, \u201cel volumen de energ\u00edas humanas y sociales vertidas en actividades solidarias o humanitarias es demasiado considerable para que pueda ignorarlo\u201d<em>(3)<\/em>. Tal fen\u00f3meno merecer\u00eda una explicaci\u00f3n muy simple: la gran actividad solidaria no es m\u00e1s que una respuesta coherente al deficit de solidaridad en las mismas estructuras de la sociedad; m\u00e1s exactamente en sus injustas e inequitativas instituciones distributivas.<\/p>\n<p>Dicha explicaci\u00f3n sin embargo resulta insuficiente, si se considera que el \u201cvolumen incomensurable\u201d de recursos destinados al ejercicio de la solidaridad procede en sus or\u00edgenes precisamente del mismo r\u00e9gimen de concentraci\u00f3n y acumulaci\u00f3n de riqueza que estructura, organiza y hace funcionar las sociedades modernas. Seg\u00fan esto, la solidaridad no ser\u00eda m\u00e1s que el fr\u00e1gil puente colgante sobre \u201cel abismo entre ricos y pobres o el que separa el mundo sacio y dilapidador\u00a0 del infierno de su periferia terrestre\u201d,\u00a0 respondiendo a\u00a0 \u201cun sutil c\u00e1lculo racional\u201d o \u201ca una simple mala conciencia\u201d (p. 8).<\/p>\n<p>Si esto es as\u00ed, poco importar\u00edan las diferencias entre el paternalismo y filantrop\u00eda burgueses y los m\u00e1s aut\u00e9nticos y solidarios altruismos en la sociedad contempor\u00e1nea, incluso aquellos dispuestos a ayudar a los necesitados aun a costa de\u00a0 posibles sacrificios propios; como tampoco importar\u00edan las diversas formas que pueden adoptar las instituciones, organizaciones, actividades sean asistenciales o solidarias, m\u00e1s o menos libres y espontaneas, m\u00e1s o menos obligatorias y condicionadas por la intervenci\u00f3n estatal, m\u00e1s o menos p\u00fablicas y privadas, en definitiva m\u00e1s o menos institucionalizadas o personales, ya que todas desempe\u00f1ar\u00edan con mayor o menor eficiencia y altruismo la misma funci\u00f3n de compensar las estructuras insolidarias de la sociedad\u00a0 moderna.<\/p>\n<p>Las actuales preocupaciones en torno al ego\u00edsmo, altruismo y solidaridad no son\u00a0 ajenas\u00a0\u00a0 al contexto de esta problem\u00e1tica y no pueden ser analizadas al margen de estas condiciones de su producci\u00f3n discursiva. De hecho, un somero an\u00e1lisis de la reciente bibliograf\u00eda sobre solidaridad permitir\u00eda distinguir dos posiciones generales: una corriente de pensamiento que abstrae sus planteamientos y desarrollos de las condiciones de modernidad de las sociedades actuales, y otra corriente que piensa la solidaridad\u00a0 como soluci\u00f3n \/ respuesta\u00a0 a las particulares caracter\u00edsticas de injusticia y desigualdad, de ego\u00edsmo e individualismo, propias de las sociedades modernas.<\/p>\n<p>Frente a dicha alternativa ideol\u00f3gica caven dos cuestionamientos: por un lado, una cr\u00edtica de los presupuestos de las elaboraciones abstractas sobre solidaridad; y por otro lado una cr\u00edtica a las condiciones de posibilidad\u00a0 de las respuestas \/ soluciones solidarias a los problemas de pobreza y violencia en la sociedad moderna. Finalmente, como hip\u00f3tesis interpretativa, se podr\u00eda establecer que la producci\u00f3n de solidaridad, de sus pr\u00e1cticas y discursos en las actuales sociedades no s\u00f3lo se encuentran en tan estrecha y funcional correspondencia con las estructuras insolidarias de dichas sociedades, que en cierto modo garantizan y hasta legitiman en su reproducci\u00f3n, sino que adem\u00e1s corresponden a una muy particular e ideol\u00f3gica representaci\u00f3n (\u201cdramatizaci\u00f3n\u201d) de la pobreza,\u00a0 la exclusi\u00f3n y violencia en dichas sociedades.<\/p>\n<p><strong>Sociedad y solidaridad: la lecci\u00f3n del pasado<\/strong><\/p>\n<p>La solidaridad era un efecto de la estructura social en la Edad Media hasta el Antiguo R\u00e9gimen (siglo XVIII). Lo que G. Duby llama la \u201cgenerosidad\u00a0 necesaria\u201d, constitu\u00eda el modelo distributivo propio de la sociedad feudal y \u201cprovocaba redistribuciones de bienes de muy considerable amplitud<em>(4)<\/em>\u201d. Dicho modelo de solidaridad y asistencia \u201cno era un opci\u00f3n dejada a la iniciativa personal, sino el efecto obligado del lugar que se ocupaba en un sistema de interdependencias\u201d<em>(5)<\/em>.<\/p>\n<p>A medida que se van aflojando los v\u00ednculos de la \u201csociabilidad primaria\u201d y que la sociedad se vuelve m\u00e1s diferenciada y compleja, se desarrolla una asistencia social resultado de una intervenci\u00f3n de la sociedad sobre si misma, con funciones preventivas, protectoras e integradoras, por procedimientos cada vez m\u00e1s especializados y por instituciones diversas, pero cuyo objetivo es \u201csuplir de manera org\u00e1nica, especializada, las carencias de la sociabilidad primaria\u201d (R. Castel, p. 43). En cualquier caso la solidaridad sigue siendo un efecto de sociedad , y el tipo de asistencia desarrollado una intervenci\u00f3n de la sociedad sobre si misma.<\/p>\n<p>Cuando el Antiguo R\u00e9gimen se tambalea (s. XVIII), en el Siglo de las Luces y la Ilustraci\u00f3n que precedieron a la Revoluci\u00f3n Francesa, comienzan a decantarse dos posiciones, que durante m\u00e1s de dos siglos, hasta hace pocas d\u00e9cadas, confrontaron la corriente liberal y la socialista en torno a dos concepciones diferentes y hasta contradictorias de entender la asistencia social\u00a0 y la solidaridad. Es entonces, cuando por primera vez se establecen, se piensan y se\u00a0 plantean, los derechos sociales de todos los ciudadanos y su fundamentaci\u00f3n te\u00f3rica, incluidos \u201clos derechos del hombre pobre sobre la sociedad y los de la sociedad sobre \u00e9l\u201d; lo cual significar\u00e1 definir la asistencia (no la beneficencia!) como una obligaci\u00f3n de toda la sociedad: \u201cesta asistencia aseguradora no debe ser vista como un beneficio&#8230;es para toda sociedad una deuda inviolable y sagrada respecto de los pobres\u201d<em>(6)<\/em>. El esp\u00edritu social de la Constituci\u00f3n\u00a0 votada en Francia en 1793, que codificaba un principio: \u201clos socorros p\u00fablicos son una deuda sagrada. La sociedad debe la subsistencia a los ciudadanos desgraciados sea procur\u00e1ndoles trabajo sea asegur\u00e1ndoles los medios de subsistencia\u201d (art. 21), se prolongar\u00e1 durante siglo y medio en la tradici\u00f3n del pensamiento socialista.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 necesaria la Revoluci\u00f3n industrial durante el siglo despu\u00e9s, y el posterior desarrollo y modernizaci\u00f3n del capitalismo durante el siglo XX, para que, al transformarse la naturaleza de la misma pobreza, \u00e9sta pueda ser mucho mejor entendida como producto de la acumulaci\u00f3n de riqueza; y la deuda de la sociedad para con los pobres pueda comprenderse como una obligaci\u00f3n de la sociedad traducida en derechos sociales<em>(7)<\/em>. Estos cambios fueron importantes para demostrar que \u201cen una sociedad compleja la solidaridad ya no es un dato sino una construcci\u00f3n\u201d (Castel, p. 387).\u00a0 Esto significa que una modificaci\u00f3n de la sociedad modifica tambi\u00e9n la condici\u00f3n y forma de la pobreza en ella, modifica el tipo de v\u00ednculo y cohesi\u00f3n sociales a su interior, e inevitablemente tambi\u00e9n modifica el modelo de solidaridad y de intervenci\u00f3n de la sociedad sobre s\u00ed misma.<\/p>\n<p>La visibilidad de la pobreza en una sociedad no depende tanto ni directamente del n\u00famero de pobres ni de su nivel de pobreza cuanto del mayor o menor grado de integraci\u00f3n e inclusi\u00f3n de los pobres en una determinada sociedad. En otras palabras, es siempre la diferencia entre los pobres y el resto de la sociedad el mejor criterio de medici\u00f3n de la pobreza y su\u00a0 visibilidad.\u00a0 En pa\u00edses donde \u201cla revoluci\u00f3n industrial ha sido un fant\u00e1stico multiplicador de riqueza&#8230; la indigencia es omnipresente, insistente, masiva\u201d<em>(8)<\/em>. De manera simultanea a estas posiciones, que lejos de innovar revolucionariamente un\u00a0 socialismo ut\u00f3pico no hac\u00edan m\u00e1s que traducir a las modernas condiciones sociopol\u00edticas los principios y estructuras que hab\u00edan regido la \u201casistencia\u201d y \u201cgenerosidad\u00a0 necesaria\u201d desde la Edad Media, aparece y se consolida un liberalismo, en cuyo seno \u201clos dispositivos espec\u00edficos desarrollados en nombre de la solidaridad son otros tantos medios de evitar la transformaci\u00f3n directamente pol\u00edtica de las estructuras de la sociedad\u201d (R. Castell, p. 214).<\/p>\n<p><strong>Solidaridad y asistencialismo vs. derechos y seguridad<\/strong><\/p>\n<p>Para los pol\u00edticos e ide\u00f3logos liberales, ya en pleno\u00a0 siglo XIX, \u201cel pobre no tiene m\u00e1s derechos que a la conmiseraci\u00f3n general\u201d, y \u201cla virtud de la beneficencia incluso cuando de virtud privada se hace p\u00fablica no debe perder su car\u00e1cter de virtud, es decir seguir siendo voluntaria, espontanea, libre&#8230; pues de lo contrario cesar\u00eda de ser una virtud para volverse un constre\u00f1imiento, y constre\u00f1imiento peligroso\u201d<em>(9)<\/em>.<\/p>\n<p>S\u00f3lo desconociendo los presupuestos te\u00f3ricos e ideol\u00f3gicos, que estuvieron presentes en los or\u00edgenes del debate sobre la moderna \u201ccuesti\u00f3n social\u201d, es posible sostener, como entre otros autores hace A. Heller, que la solidaridad es una \u201cvirtud tradicional de la izquierda\u201d<em>(10)<\/em>. Desde un principio, la pol\u00e9mica se ha cifrado precisamente en hacer de la protecci\u00f3n y seguridad de los necesitados o bien una \u201cvirtud c\u00edvica\u201d, como era defendida por los liberales, o bien un \u201cderecho social\u201d con la correspondiente \u201cdeuda\u201d u obligaci\u00f3n de la sociedad\u00a0 en su conjunto,\u00a0 como sosten\u00edan los socialistas. La firmeza con la cual los liberales defendieron siempre el car\u00e1cter \u201cvirtuoso\u201d o \u201ccaritativo\u201d\u00a0 fue proporcional al \u201crechazo encarnizado de los liberales para hacer de los socorros\u00a0 (pr\u00e1cticas de asistencia) un asunto de derecho\u201d, equivalente al mismo rechazo de convertir la pobreza en una \u201ccuesti\u00f3n social\u201d<em>(11)<\/em>. En otras palabras, el liberalismo siempre insistir\u00e1 en un activismo moral a costa de atajar cualquier intervencionismo social, y consecuentemente se preocupa de los v\u00ednculos morales (entre personas) para compensar sus tenaces prejuicios sobre los v\u00ednculos sociales (colectivos).<\/p>\n<p>El hecho de articular la solidaridad con una \u00e9tica, que haga de los sentimientos\u00a0 una fuente de moralidad, dar\u00e1 lugar a una concepci\u00f3n emotiva de la moral, muy apropiada a la concepci\u00f3n liberal de la pobreza, considerada mucho m\u00e1s como desgracia y drama sociales que como un hecho y problema de sociedad.\u00a0 Es ya en las elaboraciones te\u00f3ricas \u2013 pol\u00edticas de mediados del siglo XIX,\u00a0 que se encuentra\u00a0 suficientemente formulada una representaci\u00f3n liberal de la pobreza como un fen\u00f3meno ajeno y\u00a0 exterior a la misma sociedad, y que \u00e9sta s\u00f3lo puede entender y debe tratar en su externalidad; mientras que reconocer la \u201ccuesti\u00f3n social\u201d de la pobreza, supondr\u00eda un cuestionamiento de la misma sociedad y un tratamiento\u00a0 de ella,\u00a0 y que necesariamente pasa por una intervenci\u00f3n de la sociedad sobre si misma.<\/p>\n<p>Las tesis originarias, que en un principio enfrentaron la posici\u00f3n liberal y la socialista, dar\u00e1n\u00a0 lugar a una evoluci\u00f3n posterior, que se expresar\u00e1 en una diversidad de tendencias. En el campo liberal aparece la \u201ceconom\u00eda solidaria \u201d o \u201ceconom\u00eda social\u201d (C. Gide), la cual aunque fuertemente impugnada por el marxismo, que la califica de \u201ceconom\u00eda pol\u00edtica vulgar\u201d (Marx), y por el socialismo, que la considera una \u201ceconom\u00eda pol\u00edtica enternecida\u201d (C. Worms),\u00a0 desemboca en orientaciones diversas, que van del\u00a0 liberalismo al socialcristianismo, y\u00a0 del solidarismo al socialismo (Cfr. Castel, p. 245, nota, 5)<em>(12)<\/em>.<\/p>\n<p>Por su parte,\u00a0 para el mismo pensamiento socialista, muy influenciado por la naciente sociolog\u00eda (E. Durkheim), \u201cel conocimiento de las leyes de la solidaridad\u201d (L. Bourgeois) y la toma de conciencia de la interdependencia de las partes en su relaci\u00f3n con el todo social, conducir\u00e1 al reconocimiento de que tales leyes no son propiamente \u201cnaturales\u201d sino \u201csociol\u00f3gicas\u201d, y por consiguiente cambian de acuerdo al modelo de sociedad, de la misma manera que cambia la interdependencia de los individuos al interior del todo social, seg\u00fan el tipo de sociedad y sus desarrollos hist\u00f3ricos. Uno ser\u00e1 pu\u00e9s el modelo de solidaridad mec\u00e1nica, como llama Durkheim a la sociabilidad primaria propias de las\u00a0 \u201csociedades comunales\u201d, y otra la solidaridad org\u00e1nica propia de la sociabilidad secundaria en las\u00a0 \u201csociedades societales\u201d y complejas<em>(13)<\/em>.<\/p>\n<p>El problema de muchos ide\u00f3logos liberales y no liberales consiste en transponer el modelo de solidaridad, que funciona en sociedades comunales o de sociabilidad primaria (donde se combina con la reciprocidad), a las sociedades societales y complejas.\u00a0 De esta manera, mientras que en el campo liberal se mantuvieron las tesis de una solidaridad \u201clibre\u201d (no obligada), definida como\u00a0 \u201cvirtud\u201d (no como deber), \u201csolidaridad intensa entre los integrantes del peque\u00f1o grupo\u201d<em>(14)<\/em>, no la que se impone desde la totalidad social, y cifrada en la \u201casistencia\u201d o \u201cbeneficencia\u201d, en el campo socialista se decanta una doble postura: la que desplaza la \u201ccuesti\u00f3n social\u201d hacia el Estado social de derecho, convirtiendo las pol\u00edticas sociales del Estado en la versi\u00f3n p\u00fablica de la asistencia y beneficencia, y la que m\u00e1s bien privilegia el deber \/ obligaci\u00f3n de la sociedad en su conjunto (\u201cdeuda inviolable y sagrada de la sociedad respecto del pobre\u201d), el car\u00e1cter de protecci\u00f3n y de seguridad requeridos por los pobres, y los dispositivos de distribuci\u00f3n por medio de la cual se salda realmente la deuda social y se ejercen los derechos y deberes sociales: \u201cla solidaridad nacional financiada por el impuesto\u201d<em>(15)<\/em>.<\/p>\n<p>As\u00ed, frente a las \u201cpol\u00edticas sociales\u201d o \u201cpol\u00edticas asistenciales\u201d, \u201cuna suerte de organizaci\u00f3n de la caridad \u201d por parte del Estado\u00a0 (como las critica Jean Jaur\u00e9s en 1905), se opondr\u00e1n quienes defienden \u201cel reconocimiento de un derecho (a la seguridad y la protecci\u00f3n) sancionado por un principio legal\u201d (Cfr. Castel, p. 289).<\/p>\n<p><strong>Retorno de una solidaridad neoliberal<\/strong><\/p>\n<p>La edad gloriosa de la seguridad social (que se alcanza en los a\u00f1os 60-80), basada en la \u201cpropiedad social\u201d (Castel) de todos los ciudadanos y su distribuci\u00f3n por medio del impuesto o sistema tributario de cada sociedad,\u00a0 es la culminaci\u00f3n de un largo recorrido de pensamiento social y de luchas sociales. Pero la correlaci\u00f3n de fuerzas de la corriente socialista y liberal, con sus respectivas posiciones ideol\u00f3gicas, se modificar\u00e1 muy sensiblemente en el transcurso de las dos \u00faltimas d\u00e9cadas, cuando los liberales (con concesiones socialistas) introducen las pol\u00edticas sociales tendientes a \u201csubvencionar el desempleo\u201d o implementar\u00a0 un \u201cingreso m\u00ednimo de inserci\u00f3n \u201d (el RMI) destinado a los \u201cnuevos pobres\u201d. Y a medida que se agrava la\u00a0 \u201cnueva pobreza\u201d, el discurso solidario no s\u00f3lo trata de permear las pol\u00edticas y programas sociales, sino que incluso llegar\u00e1 a\u00a0 suplantarlos<em>(16)<\/em>.<\/p>\n<p>La idea e ideolog\u00eda de la solidaridad, con la que progresivamente se sancionar\u00e1 el fracaso de las \u00faltimas luchas por los derechos sociales, no es m\u00e1s que una forma de \u201ctomar la opci\u00f3n por los pobres\u201d pero a condici\u00f3n de\u00a0 abandonar todo cuestionamiento de la sociedad que los produce<em>(17)<\/em>. Por eso, el discurso de la solidaridad, \u201cla asistencia rebautizada\u201d, no ser\u00e1 m\u00e1s que \u201cuna versi\u00f3n eufem\u00edstica de la asistencia para resolver los problemas de protecci\u00f3n social ligados a la crisis\u201d<em>(18)<\/em>.<\/p>\n<p>Si bien ser\u00e1 necesario poner a prueba una nueva forma de solidaridad \/ sociabilidad para sociedades modernas, donde lo colectivo, lo com\u00fan y lo p\u00fablico resultan cada vez m\u00e1s exteriores al sujeto social, y donde el individualismo, libertad y autonom\u00eda reducen los niveles de interdependencias o los segmentan; sin embargo, las solidaridades anunciadas y propuestas aparecen tan insuficientes para garantizar la cohesi\u00f3n social como inadecuadas para proteger los sectores m\u00e1s vulnerables, y cada vez m\u00e1s amplios, asegurando su (re)inserci\u00f3n en la sociedad. Lo que obligar\u00eda a preservar el principio fundamental de que \u201csin derecho social no hay solidaridades concretas\u201d<em>(19)<\/em>.<\/p>\n<p>Lo que E. Durkheim con los republicanos franceses y socialistas europeos del siglo XIX llamaron solidaridad, era precisamente ese v\u00ednculo problem\u00e1tico, que asegura la complementariedad de los elementos de una sociedad, a pesar de la creciente complejizaci\u00f3n y diversificaci\u00f3n de su organizaci\u00f3n interna. La tesis de fondo, de que no\u00a0 hay solidaridad sin cohesi\u00f3n social, justamente se elabora cuando la sociedad industrial comenzaba a quebrar\u00a0 las solidaridades tradicionales. Es muy f\u00e1cil y tentador incurrir en el malentendido de pensar la solidaridad en referencia a los pobres y desvalidos, cuando en realidad hay que referirla a la cohesi\u00f3n social; aquella es una consecuencia de \u00e9sta. De ah\u00ed que \u201cno\u00a0 hay cohesi\u00f3n social sin protecci\u00f3n social\u201d (Castel); puesto que tampoco hay mejor solidaridad que la interdependencia, no ya como un hecho sino como una construcci\u00f3n de la misma sociedad.<\/p>\n<p>En lugar de buscar cuales ser\u00e1n las nuevas formas\u00a0 y procedimientos de solidaridad en las sociedades modernas, l\u00f3gicamente\u00a0 de manera\u00a0 previa ser\u00eda necesario indagar\u00a0 cuales son las\u00a0 caracter\u00edsticas, que puede adoptar el \u201cv\u00ednculo social \u201d o la \u201ccohesi\u00f3n social\u201d en dichas sociedades; ya que ser\u00eda la particular naturaleza de tal v\u00ednculo y cohesi\u00f3n, de donde resultar\u00edan las nuevas formas de solidaridad. El problema es que asistiendo hoy a las rupturas del v\u00ednculo social y a la perdida de las solidaridades tradicionales, no estamos en las mejores condiciones para visualizar con mayor nitidez\u00a0 las nuevas modalidades que adoptar\u00e1 tal v\u00ednculo y cohesi\u00f3n sociales en el futuro de las sociedades modernas.<\/p>\n<p>Nada demuestra mejor el fondo de falacia y las in\u00fatiles ineficiencias de los actuales discursos e interpelaciones sobre la solidaridad, que el fen\u00f3meno de la exclusi\u00f3n, el cual s\u00f3lo ha sido posible por las mismas causas que hacen imposible la solidaridad en las sociedades actuales. La\u00a0 desintegraci\u00f3n del v\u00ednculo social, todos los dispositivos y procedimientos de des-inserci\u00f3n social (desde la des-contractualizaci\u00f3n laboral y conyugal hasta la desarticulaci\u00f3n entre naci\u00f3n y nacionalidades) se han realizado y siguen desarroll\u00e1ndose gracias a una creciente desolidarizaci\u00f3n y ello no s\u00f3lo a nivel macro sino tambi\u00e9n microsociales.<\/p>\n<p>Al romperse y reducirse los procesos de socializaci\u00f3n (integraci\u00f3n en la sociedad a trav\u00e9s sus instituciones: familia, clases, trabajo, Estado&#8230;) y de sociabilidad (de incorporaci\u00f3n y comunicaciones y relaciones intra-institucionales), no s\u00f3lo las solidaridades secundarias pierden contenidos y obligatoriedad sino tambi\u00e9n\u00a0 las solidaridades primarias.<\/p>\n<p>El retorno de los idearios e ideales solidarios se hicieron objeto de serias\u00a0 y contundentes cr\u00edticas, las cuales sin embargo ni fueron suficientemente compartidas por todo el pensamiento social actual ni tampoco fueron\u00a0 capaces de traducirse en\u00a0\u00a0 fuerzas pol\u00edticas compactas. El regreso del humanitarismo solidarista (bajo la forma de ayuda y cooperaci\u00f3n, de conciencia y sensibilidad) fue un s\u00edntoma de lo que era capaz la ideolog\u00eda neoliberal: \u201cun humanitarismo de encargo con el que se atav\u00edan nuestras exacciones\u201d (Hanna Arendt).<\/p>\n<p>Cabe preguntarse con H. Arendt, para quien \u201cla piedad mata la dignidad humana todav\u00eda con m\u00e1s seguridad\u00a0 que la miseria \u201d, si el aumento de la idea humanitaria o solidaria no ser\u00e1 proporcional a nuestra culpabilidad respecto de orden\u00a0 social actual en el mundo. Tanto m\u00e1s cuanto que este neo-humanitarismo y su solidaridad vac\u00edan de politicidad el problema de la pobreza y\u00a0 lo poco que quedaba de su cuestionamiento social. No se entiende muy bien, por ello, que algunos autores tan cr\u00edticos del actual orden del mundo, hayan apostado a la solidaridad como \u201ccondici\u00f3n material y moral para la disminuci\u00f3n de las desigualdades sociales y de exclusi\u00f3n\u201d<em>(20)<\/em>.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s por estas razones, actualmente m\u00e1s que nunca antes se evidencia\u00a0 la contradicci\u00f3n\u00a0 entre las relaciones, las conductas, las interpelaciones y los sentimientos de solidaridad\u00a0 con\u00a0 \u201cla p\u00e9rdida de solidaridad del sistema en su conjunto debido a los cambios estructurales\u201d (V. E. Tokman, o.c., p. 98). Ya que se tratar\u00eda con ello de afectar o modificar las conductas pero no las relaciones sociales, y menos aun las posiciones de los actores sociales y estructuras de la sociedad. Lo cual supondr\u00eda\u00a0 que \u201clos dispositivos espec\u00edficos desplegados\u00a0 en nombre de las solidaridades son otros tantos medios de evitar la transformaci\u00f3n directamente pol\u00edtica de las estructuras de la sociedad\u201d (Castel, p.\u00a0 211).<\/p>\n<p>El recurso a la solidaridad marcar\u00eda no s\u00f3lo la despolitizaci\u00f3n sino tambi\u00e9n la misma desocializaci\u00f3n de la pobreza como hecho social (con su consiguiente moralizaci\u00f3n); puesto que all\u00ed donde la sociedad se reconoce impotente para (re)integrar socialmente los pobres, que ella misma produce, no s\u00f3lo los pobres se vuelven visibles, sino que la misma beneficencia y el asistencialismo, con toda la solidaridad que se quiera, se vuelven necesarios no para\u00a0 resolver realmente la pobreza sino para aliviarla o hacerla soportable. Pero todo esto acarrea una \u201cvictimaci\u00f3n de la cuesti\u00f3n social\u201d (P. Rosanvallon), donde la sociedad de la reparaci\u00f3n generalizada tiene por objeto al otro en cuanto v\u00edctima del funcionamiento del sistema pero no en cuanto ciudadano.<\/p>\n<p>No cabe la menor duda, que el colosal despliegue humanitario, con todos los\u00a0 recursos financieros, tecnol\u00f3gicos y organizativos desplegados por la maquinaria asistencial,\u00a0 ha sido la mejor respuesta de las actuales sociedades modernas\u00a0 al tambi\u00e9n colosal boom de la pobreza y la miseria en dichas sociedades. Sin embargo toda la ideolog\u00eda y tecnolog\u00eda humanitaria es sobre todo consoladora y curativa, pero en modo alguno preventiva. Es en este concreto y muy preciso contexto humanitarista, que la solidaridad ha encontrado su escenario y campo de acci\u00f3n. Y nada escenifica mejor la versi\u00f3n dram\u00e1tica (despolitizada y desocializada) de la pobreza,\u00a0 la teatralizaci\u00f3n de la desgracia de los otros,\u00a0 y el g\u00e9nero emotivo de la solidaridad suscitada, que la solidaridad televisiva de los Teleton, \u201cdonde todo ocurre como si el programa llegara efectivamente a controlar y dirigir el comportamiento de los telespectadores, para transformarlos en donantes\u201d<em>(21)<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Una solidaridad no como alternativa<\/strong><\/p>\n<p>Para algunos autores (Habermas) habr\u00eda que sustituir la benevolencia y beneficencia por la solidaridad, sin excluir de \u00e9sta el compromiso con el desfavorecido (Puekert) y la cooperaci\u00f3n, o haciendo de ella un objeto de merecimiento (A. Cortina); para otros autores la solidaridad tiene que ver con la atenci\u00f3n a los necesitados (J. S. Mill) y para otros en fin es el resultado de un v\u00ednculo social o de la pertenencia a una misma comunidad o \u201cnosotros\u201d<em>(22)<\/em>. En cualquier caso todas estas versiones de la solidaridad\u00a0 prescinden del determinado modelo de sociedad al que se refieren. No puede tener el mismo sentido la solidaridad en la antigua democracia de Atenas, las comunidades medievales, en la moderna sociedad capitalista. Cual ser\u00eda sin embargo el principio por el cual se define la solidaridad, y que permite distinguirla conceptualmente de otras formas de relaci\u00f3n social (cooperaci\u00f3n, asociaci\u00f3n, contrato, ayuda, asistencia, beneficencia&#8230;).<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula jur\u00eddica que se encuentra al origen etimol\u00f3gico de la palabra solidaridad, especifica con mucha precisi\u00f3n su sentido, al designar la relaci\u00f3n jur\u00eddica de una obligaci\u00f3n. En su uso jur\u00eddico (\u201cobligaci\u00f3n solidaria\u201d, 1690) solidaridad designa lo que es \u201ccom\u00fan a muchas personas de manera que cada una responda del todo\u201d; y el adverbio solidariamente (cuyo uso jur\u00eddico data de 1496), tambi\u00e9n del lat\u00edn \u201cin solido\u201d, indica la \u201cexigencia total de un compromiso\u201d, y en su uso corriente una \u201cdependencia rec\u00edproca\u201d; as\u00ed mismo, solidaridad significa \u201cel estado de acreedores solidarios\u201d,\u00a0 y seg\u00fan el C\u00f3digo Civil (11804) el car\u00e1cter solidario de una obligaci\u00f3n. La noci\u00f3n fue traducida al vocabulario socio-pol\u00edtico como una \u201cprudente substituci\u00f3n\u201d de igualdad sobre el plano econ\u00f3mico<em>(23)<\/em>.\u00a0 En todos sus usos y variaciones gramaticales el concepto de solidaridad releva siempre del \u00e1mbito del derecho (no tanto de la \u00e9tica o la moral), designa un estado (y no tanto una acci\u00f3n o comportamiento), y comporta una acepci\u00f3n de obligatoriedad y de compromiso, expresi\u00f3n de un vinculo o corresponsabilidad colectiva.<\/p>\n<p>Lo que especifica la solidaridad en cuanto \u201crelaci\u00f3n social\u201d es que se trata de una relaci\u00f3n de obligaci\u00f3n, en base a deberes y responsabilidades rec\u00edprocas, seg\u00fan la cual \u201ccada uno es responsable de todos y todos lo son de cada uno\u201d.\u00a0 Poco importar\u00edan las transformaciones\u00a0 a las que se encontrar\u00e1n sujetas las sociedades modernas, y tampoco importar\u00eda que \u201cnuestras sociedades est\u00e9n constre\u00f1idas a inventar solidaridades, que no reposen principalmente sobre el trabajo y sobre las convergencias de inter\u00e9s econ\u00f3mico\u201d<em>(24)<\/em>. De hecho no menores fueron los cambios de las sociedades comunales a las societales, de la sociedad medieval a la sociedad industrial; sin embargo a trav\u00e9s de todos estos cambios la idea de solidaridad siempre ha conservado su sentido espec\u00edfico: un estado o condici\u00f3n de sociedad, un v\u00ednculo social, una obligaci\u00f3n y derecho. Las formas particulares que adopten estas caracter\u00edsticas que definen la solidaridad dependen ya del modelo de sociedad; pero sin\u00a0 tales determinaciones espec\u00edficas se cambiar\u00eda el sentido mismo de la solidaridad. Y en tal precisa perspectiva \u201cser\u00e1 imposible recrear la solidaridad sin encontrar un nuevo cimiento colectivo\u201d<em>(25)<\/em>.<\/p>\n<p>En M. Weber se encuentra la confirmaci\u00f3n de un sentido muy preciso del concepto de solidaridad en sus diferentes acepciones y usos sociol\u00f3gicos, ya sea especificando su car\u00e1cter obligatorio, \u201cdeber de solidaridad\u201d (II,iv, 3, p. 323), de \u201cresponsabilidad solidaria\u201d (II,ii, 5, p. 212), o \u201csolidaridad de intereses\u201d compartidos (I, vi, 13,p. 212), o bien situando la solidaridad en el contexto de un v\u00ednculo social, ya sea este producto de la \u201csolidaridad inmediata\u201d de las comunidades (I, i, 26, p. 123), de la \u201ccomunidad dom\u00e9stica&#8230; econ\u00f3mica y personalmente solidaria\u201d (II, ii,1, p. 291) o de los clanes (I. iii, 4, p. 298)<em>(26)<\/em>. Seg\u00fan esto, dos determinaciones fundamentales definen la solidaridad y sin los cuales \u00e9sta tendr\u00eda que ser conceptualizada de manera distinta: el car\u00e1cter obligatorio\u00a0 y de responsabilidad, que existe en la acci\u00f3n y relaci\u00f3n solidaria,\u00a0 resultante\u00a0 de la vinculaci\u00f3n\u00a0 que un tipo de sociedad o de asociaci\u00f3n\u00a0 impone a sus part\u00edcipes.<\/p>\n<p>Ahora bien, precisamente porque tambi\u00e9n es un principio y valor sociales, la solidaridad no existe realmente sin pr\u00e1cticas, procedimientos\u00a0 y dispositivos t\u00e9cnicos. No hay que confundir la solidaridad con estas otras instituciones sociales, que ella fundamenta, pero que no\u00a0 existir\u00eda sin ellas. As\u00ed, por ejemplo, la seguridad social es un dispositivo del Estado social de derecho, que produce solidaridad; de la misma manera que el impuesto a la renta es una t\u00e9cnica de distribuci\u00f3n de la riqueza o del producto social que produce solidaridad. En una sociedad hay otros procedimientos o mecanismos de redistribuci\u00f3n que no son necesariamente tributarios, y que responden al principio de solidaridad. Puede darse un modelo de redistribuci\u00f3n muy eficaz, pero que no necesariamente comporta un principio de solidaridad; esto hace que algunas formas de redistribuci\u00f3n se operen sobre la base de una \u201cideolog\u00eda de la indemnizaci\u00f3n\u201d; siendo entonces en cuanto v\u00edctimas de los da\u00f1os y desigualdades resultantes del sistema social, que se identifican los beneficiarios de la distribuci\u00f3n, y no en cuanto ciudadanos, en raz\u00f3n de los derechos sociales, por los que se encuentran vinculados a la sociedad, y participan del \u201cpastel social\u201d; tampoco de acuerdo a un imperativo de igualdad (Cfr. Castel, p. 64ss).<\/p>\n<p>No cabe duda, sin embargo, que una solidaridad dominada por la distribuci\u00f3n de la riqueza y que, partiendo de un fortalecimiento del v\u00ednculo social, contribuye a la cohesi\u00f3n de la sociedad en su conjunto, compromete todas las relaciones sociales, todas las clases y actores sociales, y realiza el ideal del Estado social de derecho fundado sobre el principio expl\u00edcito de justicia y solidaridad. As\u00ed \u201cel ejercicio de solidaridad se har\u00e1 m\u00e1s directamente pol\u00edtico; en otros t\u00e9rminos, se identificar\u00e1 a la formulaci\u00f3n de un contrato social\u201d (Rosanvallon, p. 36).<em>(27)<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed entendida, la solidaridad no ser\u00eda posible en el actual\u00a0 contexto de la globalizaci\u00f3n, donde no existen ni siquiera las condiciones para establecer un marco normativo de derechos y obligaciones colectivos, que puedan traducirse en mecanismos de distribuci\u00f3n global. No hay un Estado, ni social ni de derecho, a nivel mundial, capaz de organizar y regular una norma de equidad y procedimientos de solidaridad, donde \u201cequidad y redistribuci\u00f3n se confunden\u201d (Castel).<\/p>\n<p>A nivel de la globalizaci\u00f3n, de sus ideales e imperativos, hay \u201ccrecimiento econ\u00f3mico\u201d, \u201caumento de la riqueza\u201d y \u201cayuda a los pa\u00edses subdesarrollados\u201d; pero en modo alguno se menciona la participaci\u00f3n o distribuci\u00f3n. La Cumbre de Davos\u00a0 (enero 2000) fue muy clara en estas declaraciones. Las consecuencias son obvias, el problema de la globalizaci\u00f3n no radica fundamentalmente en que la colosal concentraci\u00f3n y acumulaci\u00f3n de riqueza en el mundo se opere gracias a su no-distribuci\u00f3n, a la no-participaci\u00f3n en ella y a la exclusi\u00f3n de la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n mundial, sino en el\u00a0\u00a0 hecho de que en la globalizaci\u00f3n no hay ciudadanos ni ciudadan\u00edas, ni mucho menos derechos sociales. Por esta raz\u00f3n es posible la globalizaci\u00f3n de la pobreza (junto con la de los mercados financieros) en el mundo.\u00a0 Pero por mucho que la globalizaci\u00f3n desciudadanice a las sociedades nacionales, la misma globalizaci\u00f3n sin ciudadan\u00edas tampoco hubiera sido\u00a0 posible sin el previo debilitamiento y precarizaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda en dichas sociedades.<\/p>\n<p>Si, para concluir, la globalizaci\u00f3n representa tanto un reto como la frontera a la solidaridad, tal como se ha entendido hasta ahora, un resultado de esta global desolidarizaci\u00f3n consistir\u00e1 en\u00a0 la erosi\u00f3n de las solidaridades sociales, nacionales y locales, en todo el mundo; o bien, a todos estos niveles, en su versi\u00f3n m\u00e1s depravada: el humanitarismo y la beneficencia. O en esa otra versi\u00f3n no menos violenta pero m\u00e1s realista, que divide el mundo entre deudores y acreedores.<\/p>\n<p><strong>Notas\u00a0<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>\u00a0(1) \u201cLa preocupaci\u00f3n por la pobreza y, por ende, por las pol\u00edticas para combatirla se asocian\u00a0 crecientemente a la concepci\u00f3n de solidaridad. Este principio de origen \u00e9tico&#8230;\u201d (V. E. Tokman, \u201cPobreza y homogeneizaci\u00f3n social\u201d, en Pensamiento Iberoamericano, n. 19, 1991: 97).<\/li>\n<li>(2) \u201cEste aumento de las relaciones de solidaridad&#8230; se contrapone a la p\u00e9rdida de solidaridad del sistema en su conjunto debido a los cambios estructurales\u201d (V. E. Tokman, o.c., p. 98).<\/li>\n<li>(3) S. Giner &amp; S. Sarasa, \u201cFilantrop\u00eda y pol\u00edtica\u201d, en CLAVES de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, n. 62, 1996: 1.<\/li>\n<li>(4) G. Duby, Guerriers et\u00a0 paysans, Gallimard, Paris, 11978: 261. La sociedad medieval se encontraba fuertemente jerarquizada \u201cpero tambi\u00e9n era una sociedad cohesionada, asegurada y satisfecha. De donde resultaba\u00a0 un sentimiento de seguridad econ\u00f3mica\u201d (G. Duby, \u201cLes pauvres des campagnes dans l\u2019Occident m\u00e9di\u00e9val jusqu\u2019au XIII si\u00e9cle\u201d en Revue\u00a0 d\u2019histoire de l \u2018Eglise en France, t. LII, 1966:\u00a0 25).<\/li>\n<li>(5) El hecho es que seg\u00fan R. Castel (p. 38) \u201clos m\u00e1s desvalidos no representan un factor de desestablizaci\u00f3n interna en esta formaci\u00f3n social, que controla los riesgos de desafilizaci\u00f3n masiva gracias a la rigidez de su propia estructura\u201d (p. 40). Les m\u00e9tamorphoses de la questi\u00f3n social. Une chronique du salariat, Fayard,Paris, 1995: 40.<\/li>\n<li>(6) C. Bloch &amp; A. Tuetey, Proces Verbaux et rapports du Comit\u00e9 pour l\u2019extinction de la mendicit\u00e9 de l\u2019Assembl\u00e9e Constituente, Imprimerie nationale, Paris, 1910. Citado y analizado por R. Castel, 1995: 184ss. Esta legislaci\u00f3n ten\u00eda ya precedentes en el pensamiento social y pol\u00edtico del siglo XVIII. La noci\u00f3n de derecho social aparece\u00a0 en Monntesquieu (\u201cla limosna dada a un pobre no remplaza las obligaciones del Estado, que debe a todos los ciudadanos una subsistencia segura \u201d, Lois, De l\u2019Esprit des XXIX, 1742).<\/li>\n<li>(7) Tal ser\u00e1 la \u201cinexplicable\u201d constataci\u00f3n de A. Tocqueville a principios del siglo XIX, comparando el caso de Portugal, donde no hab\u00eda miserables y el de Inglaterra donde hab\u00eda masas: \u201cLos pa\u00edses que aparecen\u00a0 como los m\u00e1s miserables son los que en realidad cuentan con menos indigentes, y en los pueblos cuya opulencia se admira una parte de la poblaci\u00f3n para vivir est\u00e1 obligada a recurrir a los dones de la otra\u201d (Memoire sur le pauperisme, leido a la Academie de Cherburg en 1855, reproducido en Revue International d\u2019action communautaire, n. 15\/56, Montreal, 1986:\u00a0 27-40 .<\/li>\n<li>(8) R. Castel, p. 219. Un\u00a0 ejemplo actual muy representativo es el caso de un pa\u00eds como Siria, donde la pobreza de la sociedad siria lejos de producir pobres los integra de tal manera que no son socialmente visibles, mientras que una sociedad como la ecuatoriana, una de las m\u00e1s inequitativas y con menor distribuci\u00f3n de la riqueza en Am\u00e9rica Latina, no s\u00f3lo produce pobres sino que tambi\u00e9n visibiliza social y extremadamente su pobreza.<\/li>\n<li>(9) A. Thiers, Rapport au nom de la Commission de l\u2019assistance et de la pr\u00e9voyance publique, s\u00e9ance du 26 janvier 1850, p. 111 Citado por R. Castel, (p. 234).<\/li>\n<li>(10) A. Heller, \u201cEtica ciudadana y virtudes c\u00edvicas\u201d en A. Heller &amp; F. Feh\u00e9r, Pol\u00edticas de la post-modernidad\u00a0 (Pen\u00ednsula, Barcelona, 1989). A. Heller se preocupa por distinguir la solidaridad que \u201cse practicaba en el seno de un grupo\u201d\u00a0 del\u00a0 \u201csentimiento de hermandad\u201d, hablando siempre de una virtud que puede traducirse en un sentimiento (cfr. p. 226ss).<\/li>\n<li>(11) Cfr. R. Castel, (p. 235). Como resalta A. Klappenbach, \u201clos sentimientos no son ajenos a la moral, pero no pueden convertirse en criterios \u00e9ticos decisivos\u201d (\u201cEgo\u00edsmo y altruismo\u201d, en CLAVES de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, n. 52, 1995: 74); en la medida que son subjetivos y dependen de estados de \u00e1nimo, aunque importantes para la vida social y relaciones sociales, no pueden convertirse en principios de organizaci\u00f3n de aquella ni en regulaciones de\u00a0 estas.<\/li>\n<li>(12) La Sociedad de la econom\u00eda social, fundada por Le Play en la segunda mitad del siglo XIX, sirvi\u00f3 de puente entre los\u00a0 liberales y los socialistas, y en torno a ella aparecer\u00e1n las primeras versiones modernas de las pol\u00edticas sociales. Desde entonces el \u201ctrabajo social \u201d y la \u201cacci\u00f3n social\u201d, aunque distanciados del asistencialismo y solidaridad liberales, se limitar\u00e1n a tratar la miseria del mundo capitalista\u00a0 \u201caportando correctivos a las contra-finalidades m\u00e1s inhumanas de la organizaci\u00f3n de la sociedad, pero sin tocar su estructura\u201d (Castel, p. 245).<\/li>\n<li>(13) M\u00e1s all\u00e1 del gran valor interpretativo de estas distinciones tan elaboradas por Weber, quiz\u00e1s resulten demasiado simplificadoras\u00a0 en la actualidad para comprender y explicar las modernas sociedades, donde habr\u00eda que pensar no s\u00f3lo en formas residuales de solidaridad (mec\u00e1nica) coexistiendo con otras solidaridades (org\u00e1nicas) y a\u00a0 su interior, o viceversa, sino incluso en las transformaciones de ambos modelos de solidaridad en otros\u00a0 diferentes.<\/li>\n<li>(14) J.A. Rivera, \u201cDe la sociedad cerrada a la sociedad abierta\u201d, en CLAVES de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, n. 62, 1996: 17. Este enfoque, que asocia solidaridad, reciprocidad y altruismo intergrupales, es muy representativo de la mencionada transposici\u00f3n, en la que se suele incurrir con frecuencia, de un\u00a0 modelo de solidaridad propio de una sociedad a otro modelo de sociedad diferente. \u201cYa no habr\u00e1 m\u00e1s solidaridades aceptadas y reinvindicadas que las de una proximidad entre quienes tienen intereses comunes; estas solidaridades, no estando reguladas por otras superiores y m\u00e1s generales, se afirman en detrimento del cuerpo social \u201d (R. R\u00e9mond, La politique n\u2019est\u00a0 plus ce qu\u2019elle \u00e9tait, Flammarion, Paris, 1994: 98).<\/li>\n<li>(15) El socialismo franc\u00e9s \u2013 intelectual y pol\u00edtico \u2013 , ya desde inicios del siglo XX,\u00a0 se mostr\u00f3 siempre muy l\u00facido y atento, al defender\u00a0 un proyecto de solidaridad nacional financiado por el impuesto y capaz de asistir al conjunto de la poblaci\u00f3n, salariados y no salariados, evitando la trampa de una \u201clegislaci\u00f3n asistencial\u201d,\u00a0 cuando lo que se buscaba era generalizar la seguridad social ; la ambiciosa empresa iniciada tras la Segunda Guerra Mundial, y que la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX comenzar\u00eda a minar en algunos pa\u00edses.<\/li>\n<li>(16) No es el caso de desarrollar aqu\u00ed los grandes cambios operados nacional e internacionalmente,\u00a0 en los \u00e1mbitos socio-econ\u00f3micos, pol\u00edticos y culturales, que dieron lugar a una nueva situaci\u00f3n dominada por el\u00a0 fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n y la hegemon\u00eda neoliberal.<\/li>\n<li>(17) Es muy elocuente que en Francia\u00a0 para que el \u201cingreso m\u00ednimo de inserci\u00f3n\u201d o \u201csalario m\u00ednimo vital\u201d\u00a0 fuera aceptado en la campa\u00f1a electoral de los a\u00f1os 70, hubo necesidad de copularlo con el \u201cimpuesto de solidaridad sobre la fortuna\u201d (ISF), el cual remplazaba el\u00a0 \u201cimpuesto sobre las grandes\u00a0 fortunas\u201d (IGF).\u00a0 Aquel se pag\u00f3 a condici\u00f3n\u00a0 de no cobrar este. Desde entonces, en todo el mundo todas las conquistas sociales fueron p\u00edrricas; es decir con m\u00e1s p\u00e9rdidas que ganancias.<\/li>\n<li>(18) J. M. Belorgey, \u201c Le RMI:\u00a0 une loi sans \u00e9galit\u00e9s ? \u201d, en\u00a0 Esprit, dec. 1988: 40s. El principio consagrado durante casi todo el siglo XX consisti\u00f3 en subsumir la solidaridad en la distribuci\u00f3n de la riqueza, ejercidas ambas desde la contribuci\u00f3n tributaria.<\/li>\n<li>(19) \u201cLas antiguas formas de solidaridad se encuentran demasiado agotadas como para reconstruir\u00a0 un soporte de\u00a0 resistencias constantes\u201d (Castel, p. 474).\u00a0 Un ejemplo muy elocuente de c\u00f3mo la solidaridad se\u00a0 presta a las versiones m\u00e1s asistencialistas, filantr\u00f3picas y paternalistas\u00a0 fue el \u201cbono solidario\u201d (un salario m\u00ednimo mensual) instituido por el gobierno de Mahuad en 1998 en Ecuador, para aliviar la pobreza de\u00a0 los m\u00e1s pobres (madres de escasos recursos con hijos menores); cuando\u00a0 ese mismo gobierno, incapaz de\u00a0 establecer\u00a0 el\u00a0 impuesto a la renta, tuvo que salvar la crisis\u00a0 bancaria a costa de varios miles de millones de d\u00f3lares.<\/li>\n<li>(20) A. Touraine, Pourrons \u2013 nous vivre ensemble? Egaux\u00a0 et\u00a0 diff\u00e9rents, Fayard, Paris, 1997: 279. Esta idea, lejos de ser incidental, aparece reiterada en\u00a0 sus \u00faltimas obras:\u00a0 \u201cUna pol\u00edtica de la solidaridad (por parte de la sociedad pol\u00edtica), que disminuye la distancia entre categor\u00edas sociales y combate la discriminaci\u00f3n y la segregaci\u00f3n\u201d (1997: 294);\u00a0 \u201c &#8230; veo hoy desarrollarse la defensa de los derechos culturales y de la\u00a0 solidaridad\u00a0 social; s\u00f3lo ellos pueden conducir a una reconstrucci\u00f3n de la vida pol\u00edtica y a una transformaci\u00f3n de la sociedad\u201d (p.358).<\/li>\n<li>(21) D. Cardon &amp; J. Ph. Heurtin, \u201cT\u00e9l\u00e9thon, anatomie d\u2019un public solidaire. Entre g\u00e9n\u00e9rosit\u00e9 et manipulation\u201d en Le Monde Diplomatique, D\u00e9cembre, 1999. Los autores enfocan el fen\u00f3meno desde la manipulaci\u00f3n televisiva, cuando el fondo del problema es el contenido de dicha manipulaci\u00f3n: las v\u00edctimas y desvalidos que una sociedad produce; y como no puede integrarlos en sus protecciones y seguridades los expone a los p\u00fablicos y medi\u00e1ticos sentimientos y emociones de la caridad\u00a0 privada de los telespectadores.<\/li>\n<li>(22) No queda muy claro en el art\u00edculo de G. Amengual (\u201cLa solidaridad como alternativa. Notas sobre el concepto de solidaridad\u201d en Revista Internacional de Filosof\u00eda Pol\u00edtica, n. 1, 1993) de qu\u00e9 ser\u00eda alternativa la solidaridad. Lo que si parece claro para el autor\u00a0 es que la solidaridad no puede hacer referencia a derechos y deberes sino s\u00f3lo a\u00a0 \u201cun modo de comportamiento y actitudes, o quiz\u00e1s a un valor, en el sentido de criterio e indicaci\u00f3n para la orientaci\u00f3n del comportamiento\u201d (p. 143). De esta misma vaguedad especulativa adolece su posterior definici\u00f3n de la solidaridad: \u201cno es m\u00e1s que la vivencia honesta de la f\u00e1ctica interdependencia constitutiva que todo sujeto vive, sabiendo que la medida de su libertad&#8230;\u201d (p. 149).<\/li>\n<li>(23) Cfr. Le Robert. Dictionaire historique de la langue francaise, 1993, p. 1967. Un an\u00e1lisis etimol\u00f3gico m\u00e1s amplio\u00a0 y de los usos jur\u00eddicos de la noci\u00f3n de solidaridad desarrolla G. Amengual en su citado art\u00edculo.<\/li>\n<li>(24) B. Perret &amp; G. Roustang, Affronter la crise de l\u2019int\u00e9gration sociale et culturelle, Seuil, Paris, 1993: 275.<\/li>\n<li>(25) P. Rosanvallon, La nouvelle question sociale. Repenser\u00a0 l\u2019Etat \u2013 providence, Seuil, Paris, 1995: 74. Todo el esfuerzo del autor en esta obra se centra precisamente en repensar una solidaridad nueva, pero que no haga concesiones a una versi\u00f3n liberal. Antes los liberales aceptaron un sistema de seguridades sociales como una concesi\u00f3n que les permitiera conjurar el espectro del socialismo y atajar las explosiones de conflictividad social. Descartados actualmente estos dos peligros, el neoliberalismo recurre a la solidaridad en t\u00e9rminos m\u00e1s asistenciales y humanitarios.<\/li>\n<li>(26) M. Weber define la solidaridad como una relaci\u00f3n social, en la que \u201ctoda acci\u00f3n de cada uno de sus part\u00edcipes se imputa a todos los dem\u00e1s\u201d (p. 37). En otro pasaje Weber indica que \u201cla posibilidad para los individuos de sustraerse a esa solidaridad (basada en intereses) es diferente seg\u00fan la estructura (de la sociedad y de la asociaci\u00f3n a la que pertenecen\u201d\u00a0 (Wirtschaft und Gesellschaft, J.C.B. Bohr, Tubingen, 1972).<\/li>\n<li>(27) P.Rosanvallon, La nouvelle question sociale. Repensar l&#8217;Etat &#8211; providence, Seuil, Paris, 1995.<\/li>\n<\/ul>\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por J. 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